Jamás pensé que iniciaría un post en este blog preguntándome sobre si importa el tamaño. Pero lo cierto, es que para muchos/as, el tamaño si importa, y no precisamente todos/as los prefieren grandes.

Si es verdad, que a simple vista una embarcación gigantesca llama enseguida la atención. Barcos crucero de más de trescientos metros de eslora, como por ejemplo los espectaculares Allure o Oasis of the seas, que superan los 350 metros de eslora y los 70 de alto, tienen en su interior auténticas ciudades flotantes en las que no falta absolutamente de nada.

Pero estas embarcaciones tienen una contrapartida: el alto número de pasajeros que embarcan en ellos. Por ejemplo, sin ir más lejos, y ya que estamos hablando de las dos embarcaciones más grandes del mundo, propiedad de Royal Caribbean. El Oasis y el Allure of the seas pueden llegar a embarcar hasta un total de 6300 pasajeros, pero no sólo eso, ya que a estos más de seis mil viajeros habría que sumar otros 2160 tripulantes que forman parte del crucero. Es decir, estamos hablando de casi 8500 personas dentro de un barco. ¡Escalofriante!

Esto supone aspectos como topar en todas las estancias comunes con mucha gente, tener que hacer interminables colas, escuchar barullos, quedarse sin hamacas en un día soleado ideal para estar tumbado en cubierta, etc…En definitiva no vivir con el suficiente relax una experiencia en crucero.

Por el contrario, los buques de menor tamaño no nos dejan perplejos en un primer instante, en su interior no disponen de pasillos interminables, ni de las piscinas más grandes, pero contrarrestan estas carencias con espacios más elegantes y sofisticados, como pueden ser los barcos de la flota Seabourn.

Esta compañía dispone de embarcaciones de menos de 150/200 metros de eslora en la que apenas viajan unos 200/400 pasajeros con no más de 150/300 tripulantes. Como veis, simplemente leyendo estos datos nos muestran claramente como el pasajero que viaja en este tipo de barcos goza de espacios mucho más amplios para su disfrute. Esto es algo que muchas veces no tenemos en cuenta hasta que vivimos la propia experiencia crucerística.

En conclusión, a veces,  tal como decía mi abuela, el buen perfume viene en frasco pequeño.

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